REENCUENTRO

-¡Vicky... Vicky!... ¿Dónde se habrá metido?... ¡Vicky!

-Aquí estoy, Yessy, ¿qué es lo que te pasa ahora, acaso intentas despertar a Manuel?

-!Ay Vicky, a que no me adivinas a quién me encontré hoy!

-Mmmmm, ni idea mija...
Contestó Vicky haciendo un aparente intento de adivinar.

-¿De quién estábamos hablando ayer?

-¡No!

-Pues mira que sí. Se me apareció en el banco, está igualito... Me preguntó por tí y yo le dije que te habías casado, que...

-¿Por qué lo hiciste? Interrumpió Vicky.

-Espera, aun no termino de contarte... le dije que tenías tres nenes pero que te conservas como una señorita, no como yo, que he engordado como una vaca... aunque él me dijo que yo también estaba igualita, que estoy delgada... parece que ese tratamiento...

-¡Pero sigue contándome! Interrumpió Vicky visiblemente emocionada.

-Ah, perdona... bueno, yo le expliqué cómo llegar a casa para que se vean allá, así el va a visitarnos a mi y a mami y ahí se encuentran. Así también evitamos que se hagan comentarios indebidos que puedan perjudicar tu "relación" -dijo haciendo unas comillas imaginarias con las manos- aunque no creo que se pueda dañar más de lo que está, porque eso que Manuel te hace...

-¿Le contaste algo de eso a Julio?

-No, Vicky, Cómo crees?, no soy tan estúpida.

-¿Y qué hora es?

-Faltan 15 para las 5.

-¡Oh, por Dios, ya casi es hora!

-¿Hora de qué?. Gruñó Manuel, un tipo alto, robusto, petulante, de tez clara, pero muy áspero, su cabello rucio, duro y retorcido, en ese momento resaltaba más de lo acostumbrado aparentemente por el resplandor del sol que ya estaba por despedirse, igual que Manuel.

-¡Hola cuñao!, ¿lo desperté?

-No, gorda, me levanté porque ya es hora de irme.

-Ay cuñao, ya yo no estoy tan gorda porque estoy siguiendo un tratamiento y una dieta que son lo último...

Manuel entró de nuevo a la casa dejando a Yessy hablando sola en el patio junto a su hermana. Se le veía asueñado, y es que el trabajo había hecho de él un licnobio, y el día, aparentemente no le era suficiente para descansar lo necesario.

-Ya vete Yessy, si él llega dile que ya casi voy... Llévate a Carlitos y a Julito que yo me llevo la niña...
¿Qué me pongo?

-Ponte algo lindo, ponte preciosa, y usa ese perfume que te regalé. Hoy tienes que reconquistarlo.

-Ay, no seas loca, tú sabes que ya no puedo, no creo que él se atreva a proponerme nada, pero si llegara a hacerlo... si lo hace, le diré que no. No estoy dispuesta a que me rompan el corazón una vez más.

-Ay, no seas boba, tú tienes que darle emoción a tu vida. Este es el momento de vivir una aventura... toda la vida me has dicho que lo deseabas, y ahora que aparece ¿lo vas a dejar ir así sin más? No, hoy tienes que dar una vuelta con él, y cuando digo vuelta ya sabes a lo que me refiero...

Eran ya las 5 y cinco minutos cuando Manuel salió uniformado y listo y se despidió de las mujeres sin siquiera imaginar lo que su cuñada le estaba proponiendo a su mujer.

-Buenas tardes.

Dijo Julio en la puerta de entrada.

-¿Aquí es que vive una señora llamada Griselda?

-Adelante. Vociferó la doña sentada en una mecedora con uno de sus nietos en su falda.

Eran ya las 5 y 45 y doña Gris estaba descansando un poco de los quehaceres del día como hacia cada tarde en su mecedora favorita. Doña Gris era una señora de unos 55 años, de escasa estatura, cabello gris y carácter templado. Recordaba a Julio porque las veces que fue a Haina a visitar a su hermana, siempre lo observaba, notando en él algo distinto a los demás jóvenes. Haina era para ella la ciudad donde la juventud estaba más corrompida, sin embargo, ese muchacho, aunque solía vérsele junto con los demás jóvenes del sector, era algo diferente, hablaba diferente, actuaba diferente, y eso, llamaba su atención. Doña Gris llegó incluso a decirle a su hermana que Julio era tal vez el único de esos muchachos del sector que en unos años se le vería progresar.

Era el único que estaba en la universidad. El único que cuando los demás estaban bebiendo sólo estaba ahí aparentemente para reírse de sus payasadas, el único que al hablar se le notaba una educación diferente, un deseo de superación, seguridad, confinaza. Era un adolescente, pero parecía un hombre maduro en muchos aspectos.

-Muchacho, ¿y ese milagro?

-Doña Gris, es que no podía venir a Azua sin por lo menos intentar visitarla... ¿y cómo está todo, cómo le ha ido?

-Muy bien mi hijo, y dime, ¿a qué te dedicas? Bueno, se ve que te está yendo muy bien. ¿Ese carro es tuyo?

Julio sonrió como quien debe ocultar cosas tras una sonrisa. Contestó todas las preguntas de doña Gris, hablaron afablemente hasta que entró Vicky.

Vicky traía en sus brazos una criatura de unos 18 meses de edad, era su niña pequeña y, cuando vio a Julio la bajó al piso casi dejándola caer. Se quedaron unos segundos mirándose. Ella sintió rabia, dolor, alegría, pena, amor, felicidad...

Julio estaba casi igual que como ella lo conoció diez años atrás cuando estuvo de vacaciones en Haina. Sólo unos vellos nuevos habían aparecido en su cara. Los demás rasgos eran los mismos. Vicky se veía esbelta, algo triste pero bonita. Lucía su mejor ropa y, como le recomendó su hermana, olía a una fragancia francesa...

-Cuando se acabe el concurso de miradas me llaman para decirme quién ganó. Voy a estar en el patio con los niños. Dijo doña Gris, cuyo cabello hacía juego con su apodo.

Esas palabras de la doña parece que lograron romper esa especie de letargo en que los jóvenes habían quedado sumidos.

A Vicky no se le borraba la sonrisa de la cara.

-No me has dicho a qué te dedicas.

-Bueno, es un poco complicado Vicky, sólo te diré que le ayudo a un señor cascarrabias en una cafetería que tiene cerca de una escuela y en mis días libres me dedico a equilibrar el mundo, que es el negocio que me da algo de dinero, pero no me preguntes cómo que no quiero competencias. Replicó en un tono chistoso.

-Yo solo quería verte para saber cómo te había ido en estos años -contnuó diciendo- Tengo muy lindos recuerdos tuyos, incluso, he escrito poemas inspirado en ese tiempo que compartimos en Haina. Quiero además pedirte disculpas porque tal vez no fui tan sincero contigo como debía y sé que te provoqué sufrimientos.

-Ah, eso no es nada, son cosas del pasado, Julio. ¿De verdad has escrito poemas?

-Si.

-¿Me recitas uno?

-Si, por qué no, declamaré para ti, pero no te burles...

"La esperanza es el recuerdo
de algo tal vez nunca percibido
es amor, es dolor
es despertar en la traición.

y tal vez tu esperas
sin saber siquiera qué sentir
tal vez me dejaste partir
o sólo soy una quimera
aun así y como quiera
algo de esperanza habrá en ti..."

-Precioso, hermoso, ¡eres un poeta!

-Bueno, Vicky, ha sido un placer, yo tengo que regresar a mi Haina querida y no quiero viajar tarde en la noche, le tengo miedo a los muertos de las carreteras...

-Pero yo creí que ...

-¿Qué? Interrumpió Julio, al tiempo que se borraba la sonrisa que había permanecido en el rostro de Vicky hasta ese instante.

-Sólo escúchame Vicky, eres una mujer preciosa, si te digo que no desearía tenerte en mi cama, te estaría mintiendo, sin embargo, tengo reglas, y una de ellas es respetar las mujeres casadas; además, te conozco y me he dado cuenta mientras conversábamos que algo no va bien en tu vida.
Un toro es un animal, y como tal, está destinado y obligado, a soportar un yugo para provecho de su amo mientras éste lo golpea. Ahora bien, una persona, es un ser sublime, superior, máxime si se trata de una mujer. Una mujer no debe ser maltratada, ni debe permitir que la maltraten...

Entonces Vicky intentó interrumpirle como para darle explicaciones, pero Julio no se paró de hablar, continuó diciendo:

-No sé si alguna vez has escuchado el ejemplo del sapo en la olla, que a medida que le vas calentando el agua él se va adaptando a la temperatura, hasta que el agua llega a su punto de ebullición y, por no haber reaccionado a tiempo, el sapo muere. No se si será tu caso, pero si lo es, te recomiendo que reacciones antes de que sea tarde.

-Gracias Julio.

-De nada. Despídeme de tu hermana y tu madre, ya se me hizo tarde. Volveré pronto, lo prometo.

Eran las 10 y 30 de la noche cuando Vicky regresó a su casa, acostó los niños y se tiró boca arriba en la cama con una revolución de pensamientos en su mente. Después de varios suspiros y algunas lágrimas, se quedó dormida.

A las 6 de la mañana, como de costumbre, llegó Manuel. Regresaba del trabajo, como siempre con un tufo a ron y malhumorado.

Manuel se encontró muy extraño que su mujer tuviera ropas de salir puestas y que olía a perfume, algo que no era cotidiano. Se enfureció, empezó a pelear y, como siempre, terminó golpeándola. Esta vez Manuel parecía estar seguro de que Vicky había estado con otro hombre. La golpeó salvajemente dejándola toda amoratada.

A diferencia de otras ocasiones, Vicky no hizo el menor intento de defenderse, solamente lloraba amargamente y gritaba con cada golpe que su marido le propinaba. Cuando Manuel entendió que ya era suficiente para que ella "aprendiera la lección", la soltó, la dejó en el suelo y se fue como si nada a acostar.

Unos minutos después Vicky se paró del piso, se dejó caer en el mueble de la sala y empezó a fraguar su plan.

Despertó los niños y los llevó donde su madre. Sin que ésta se diera cuenta, entró a su habitación y, de la gaveta donde se conservaban algunas de las pertenencias de su difunto padre, hurtó unas esposas.

Cuando regresó a su casa, su marido estaba roncando atravesado en la cama. Ella sabía que cuando Manuel se dormía no lo despertaba ni un huracán. Agarró savemente sus brazos y lo esposó al espaldar, luego colocó suficiente cinta adhesiva en su boca y procedió a bajar lentamente sus calzoncillos, única prenda que utilizaba al dormir...

Con un filoso cuchillo en la mano derecha, sujetó firmementelos genitales de su esposo con la mano izquierda, quien al sentir ese apretón despertó. Vicky lo miró a los ojos, vió el terror que le inundaba al encontrarse en esa situación y sin darle tiempo a incorporarse, con el cuhillo levantado le dijo:

-Ya es hora de que reaccione... y ¡zás!, le cerceno el pene con todo y testiculos.

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