Yvelisse esta totalmente cambiada, ya no es la niña de ojos de miel y cabello dorado que dejaste una vez en mis brazos. Te cuento que le conseguimos un trabajito cuando apenas tenia 15 años porque las cosas se nos pusieron dificiles luego de tu partida, en la Oficina de Investigaciones Nacionales.
Hasta ese momento todo iba bien entre nosotras. De vez en cuando me preguntaba algo sobre ti. A mi me encantaba que lo hiciera. Me deleitaba contándole tus ocurrencias, nuestros momentos felices.
Mientras trabajaba en la organización de un caso en la oficina, conoció a Humberto, un joven profesional de las leyes cuyas cualidades físicas embobaron a mi niña, tanto como para coquetearle y conseguir que él abandonara a su prometida a escasos dias de su boda.
Al principio, Yve me contaba todo lo que le sucedía en el trabajo. Luego llegó un momento en que sólo me daba cuenta de lo que pasaba por los rumores y por el conserje, Julio, nuestro vecino. Así fue que supe de la existencia de Humberto y de su influencia en el comportamiento de mi niña.
Me cuenta Julio que Humberto estaba recién graduado, y que para ir adquiriendo experiencia aceptó un trabajo en una oficina de abogados donde no hacía nada más que llevar y traer papeles. Cuando me enteré por boca de nuestra hija de lo que estaba pasando, era porque ya había cometido grasos errores.
Me presentó a Humberto una tarde negra justo unas horas antes de irse a vivir con él a una casa que ella había comprado. ¿Increíble, no? A mí me había negado varias veces dinero, que en realidad yo necesitaba, y para este tipo, que tan mal me cae por cierto, cogió préstamos sobre préstamos con tal de darle la imagen que ella entendía que él debía de mostrar como abogado en la ciudad.
Le compraba trajes, le consiguió su propia oficina y ahora, descaradamente me decía: "Hemos comprado una casa y nos iremos a vivir juntos". Así sin más, ¡sin explicar ni preguntarme nada!
Por eso es que no me quejo de la suerte que le ha tocado. Y es que lo que uno hace en la tierra, en la tierra lo paga. Bien decía mi mamá: "quien a hierro mata, a hierro muere".
Un tiempo después de estar viviendo juntos ella vino donde mi y me dijo que estaba desesperada. Que su esposo había cambiado enormemente con ella. Ya no era el mismo muchacho flaco, pobretón y manso que a penas había logrado estudiar una carrera y que conoció haciendo mandaditos desde una oficina a otra. Me dijo que ya no salían juntos, que ya no se divertían y que incluso a veces, hasta amanecía fuera de la casa sin ningún pretexto justificado y sin ella saber dónde o con quién. Definitivamente, la estaba engañando.
¿Y yo que podía hacer? ¡Pues nada! Era momento de que ella empezara a afrontar las consecuencias de sus malas acciones y yo, aunque quisiera, no podía evitarlo, ella había definido su destino.
Tal fue el descaro de Humberto según me contó mi niña, que contrató a su dichosa amante para que trabajara para con él en su misma oficina. ¡Era su secretaria! ¡Y en la misma oficina que tu hija se esforzó por conseguir para él!
Eso le ha traído grandes problemas a nuesta Yve. Ahora es común encontrarla llorando a solas en un rincón. A veces falta al trabajo, sin razón aparente, solo para quedarse en casa ahogada en su propio llanto. Dice que de algún modo se siente atada a él, que cuando piensa en terminar esa relación, piensa en sus hijos... Sí ya tienes nietos: dos niños tan feos como su padre, pedro adorables como su madre, nuestra niña.
¿Recuerdas a tu sobrina María? Ella sigue siendo la amiga inseparable de Yvelisse. Cuando la vió sufriendo de esa manera, intentó vengarse por ella. Intentó matar a la amante de Humberto. Por mala suerte para ella y buena para la amante, no lo logró... ahora está presa... bueno, eso ha logrado separarla de mi niña.
De la amante, ¿qué te puedo decir?. Si te digo que es una piraña, una quitamaridos, oportunista, zorra, perra descarada, desgraciada; estaría diciendo lo mismo de nuestra hija, porque ella tambien, una vez, le arrebató a Humberto a otra mujer. Y su gran error fue no llevarse de mis consejos cuando sutilmente le decía que el hombre que hacía eso a otra mujer con ella, algún día se lo haría a ella con otra... el perro huevero aunque le quemen el hocico...
La vida para mí no ha sido muy próspera, pero para ella ha sido fatal. Tener que llorar a diaro en la flor de la juventud no creo que sea la mejor forma de pasarla. Por eso, aunque me tilden de loca, como lo ha hecho todo el mundo, incluyendo nuestra hija y su esposo durante estos últimos nueve años, por eso, porque la vida es justa y porque hay que ser agradecida, es que a diario vengo aquí y hablo con este pedazo de concreto que lleva tu nombre y que se supone que es tu última morada Alfonso, porque la misma vida me ha enseñado que tú fuiste un tronco de hombre y eso eternamente lo agradeceré.
Hasta ese momento todo iba bien entre nosotras. De vez en cuando me preguntaba algo sobre ti. A mi me encantaba que lo hiciera. Me deleitaba contándole tus ocurrencias, nuestros momentos felices.
Mientras trabajaba en la organización de un caso en la oficina, conoció a Humberto, un joven profesional de las leyes cuyas cualidades físicas embobaron a mi niña, tanto como para coquetearle y conseguir que él abandonara a su prometida a escasos dias de su boda.
Al principio, Yve me contaba todo lo que le sucedía en el trabajo. Luego llegó un momento en que sólo me daba cuenta de lo que pasaba por los rumores y por el conserje, Julio, nuestro vecino. Así fue que supe de la existencia de Humberto y de su influencia en el comportamiento de mi niña.
Me cuenta Julio que Humberto estaba recién graduado, y que para ir adquiriendo experiencia aceptó un trabajo en una oficina de abogados donde no hacía nada más que llevar y traer papeles. Cuando me enteré por boca de nuestra hija de lo que estaba pasando, era porque ya había cometido grasos errores.
Me presentó a Humberto una tarde negra justo unas horas antes de irse a vivir con él a una casa que ella había comprado. ¿Increíble, no? A mí me había negado varias veces dinero, que en realidad yo necesitaba, y para este tipo, que tan mal me cae por cierto, cogió préstamos sobre préstamos con tal de darle la imagen que ella entendía que él debía de mostrar como abogado en la ciudad.
Le compraba trajes, le consiguió su propia oficina y ahora, descaradamente me decía: "Hemos comprado una casa y nos iremos a vivir juntos". Así sin más, ¡sin explicar ni preguntarme nada!
Por eso es que no me quejo de la suerte que le ha tocado. Y es que lo que uno hace en la tierra, en la tierra lo paga. Bien decía mi mamá: "quien a hierro mata, a hierro muere".
Un tiempo después de estar viviendo juntos ella vino donde mi y me dijo que estaba desesperada. Que su esposo había cambiado enormemente con ella. Ya no era el mismo muchacho flaco, pobretón y manso que a penas había logrado estudiar una carrera y que conoció haciendo mandaditos desde una oficina a otra. Me dijo que ya no salían juntos, que ya no se divertían y que incluso a veces, hasta amanecía fuera de la casa sin ningún pretexto justificado y sin ella saber dónde o con quién. Definitivamente, la estaba engañando.
¿Y yo que podía hacer? ¡Pues nada! Era momento de que ella empezara a afrontar las consecuencias de sus malas acciones y yo, aunque quisiera, no podía evitarlo, ella había definido su destino.
Tal fue el descaro de Humberto según me contó mi niña, que contrató a su dichosa amante para que trabajara para con él en su misma oficina. ¡Era su secretaria! ¡Y en la misma oficina que tu hija se esforzó por conseguir para él!
Eso le ha traído grandes problemas a nuesta Yve. Ahora es común encontrarla llorando a solas en un rincón. A veces falta al trabajo, sin razón aparente, solo para quedarse en casa ahogada en su propio llanto. Dice que de algún modo se siente atada a él, que cuando piensa en terminar esa relación, piensa en sus hijos... Sí ya tienes nietos: dos niños tan feos como su padre, pedro adorables como su madre, nuestra niña.
¿Recuerdas a tu sobrina María? Ella sigue siendo la amiga inseparable de Yvelisse. Cuando la vió sufriendo de esa manera, intentó vengarse por ella. Intentó matar a la amante de Humberto. Por mala suerte para ella y buena para la amante, no lo logró... ahora está presa... bueno, eso ha logrado separarla de mi niña.
De la amante, ¿qué te puedo decir?. Si te digo que es una piraña, una quitamaridos, oportunista, zorra, perra descarada, desgraciada; estaría diciendo lo mismo de nuestra hija, porque ella tambien, una vez, le arrebató a Humberto a otra mujer. Y su gran error fue no llevarse de mis consejos cuando sutilmente le decía que el hombre que hacía eso a otra mujer con ella, algún día se lo haría a ella con otra... el perro huevero aunque le quemen el hocico...
La vida para mí no ha sido muy próspera, pero para ella ha sido fatal. Tener que llorar a diaro en la flor de la juventud no creo que sea la mejor forma de pasarla. Por eso, aunque me tilden de loca, como lo ha hecho todo el mundo, incluyendo nuestra hija y su esposo durante estos últimos nueve años, por eso, porque la vida es justa y porque hay que ser agradecida, es que a diario vengo aquí y hablo con este pedazo de concreto que lleva tu nombre y que se supone que es tu última morada Alfonso, porque la misma vida me ha enseñado que tú fuiste un tronco de hombre y eso eternamente lo agradeceré.
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