EL SANTO

Este es el tercero de una serie de cuentos que estoy publicando en este blog, cuentos escritos por mí en una época de mi vida en la que sentí que debía darle vida a por lo menos algunas de las historias que daban vueltas en mi mente y que a veces me pedían a gritos que lo hiciera. Obedeciendo a esas "voces" de los personajes que se encontraban encerrados en mi cerebro, me dediqué pues a graficarlos en un cuaderno, siendo esta la primera vez que estas historias se hacen públicas. Espero que quien los lea, los disfrute tanto como yo lo hice al redactarlos por primera vez...

De veras no es el mismo desde que se enamoró como die él. Anteriormente a estas horas del día estuviera tomando ron junto a alguno de sus amigos o sólo escuchando música y tomando cualquier vino barato en su habitación, sin embargo, ahora simplemente sale temprano a trabajar y se le ve llegar de tardecita un poco cansado, pero sin borrársele aun esa sonrisa del rostro y sin perder aun esa simpatía que últimamente le caracteriza.

Nadie se atrevía a saludarle antes pues era un grosero y muy gruñón, pero ahora, desde que se levanta, y todo el camino a su trabajo, va saludando a todo el mundo deseándoles un buen día.

Según dicen hasta se le ha visto ayudando a personas necesitadas y aconsejando a desconocidos deprimidos, casos como estos en los que anteriormente se habría burlado de las víctimas con el mayor cinismo…

Lo han visto tirando la basura al zafacón y nadie lo ha visto tomarse un trago des pues del repentino pero positivo cambio.

Cuando se le preguntaba a qué se debía el cambio en su vida, solamente contestaba que se había enamorado y cuando se le insistía, preguntándole: ¿de quién? Respondia con evasivas.

Cierto día, alguien le hizo las mismas preguntas, pero tal vez con un poco más de cortesía que los anteriores o con mayor interés, el fin es que el parecer él lo juzgó digno de escuchar sus respuestas y le dijo.

“Me he enamorado de la vida, de la vida sencilla y justa, y me he enamorado de la Biblia”

-¿De la biblia? ¡Pero tú no eres cristiano!

Y él con una sonrisa dibujada en su cara dijo:

-Si soy cristiano, no evangélico, ni católico, ni testigo de Jehová, ni mormón, ni nada por el estilo, peo sí creo en Jesucristo y El y la Biblia me han enseñado que no tengo que pertenecer a ningún movimiento o grupo religioso para ser salvo y lograr que otros también lo sean. Predico sólo con mi ejemplo y algunas veces, muy pocas, con mis palabras, porque por experiencias vividas sé que las muchas palabras cansan el oído y sólo logran que los demás te vean como el fariseo, solo queriendo hacer alardes de tu posición asegurada en el cielo; en cambio con un ejemplo de vida, es fácil lograr que el corazón abra sus oídos a las palabras divinas y abra sus puertas para dejar entrar a Jesús y su mensaje.

Dicho esto y dejando a joven sentado y estupefacto, se fue a caminar.

“El tipo más elevado de hombre que hay es el que obra antes de hablar y profesa lo que practica”.

1 comentario

Anónimo dijo:

Excelente historia, envuelve una bella moraleja. Hay personas que creen que nada más dentro de una iglesia ya tienen su salvación asegurada... y no es así!

26 de febrero de 2012 a las 15:48
Añadir comentario