Yo estaba fría, muuy fría. De repente llegó él, me tomó entre sus manos calientes y suavemente me besó.
Sólo el roce de sus manos hacía que mi frialdad fuera desapareciendo, y con cada uno de sus besos mi cuerpo se iba calentando. Me besaba como con sed, y yo continuaba calentándome.
Con cada beso tomaba un sorbo de mi y yo ya no podía soportar mucho más y, cuando estaba lo bastante caliente, sin querer y casi sin darme cuenta, ME VACIÉ. Si, me vacié.
Entonces fue cuando me di cuenta de que él sólo me quería para ese momento, porque inmediatamente, empezó a apretarme de manera brusca y despiadada, exprimió mi cuerpo hasta estrangularme y luego… luego me tiró en un basurero público. Todo el mundo pasaba y me veía tirada, destrozada, triste y totalmente vacía.
Mi triste historia, aunque no me quejo, así terminan todas las de mi especie: las latas de cerveza
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