Durante mis andanzas en mi niñez, descubrí que mi país tiene creencias populares que son propias de cada región. Igual que productos y celebraciones que son distintas dependiendo del lugar. Tengo varios ejemplos para ilustrar mi punto: En el país entero se conoce de la existencia de las Brujas, viejas que han pactado con el diablo y deben chupar sangre de niños y vuelan durante las noches, pero en el este, además de las brujas, realizan esta tarea los galipotes. Del mismo modo, existe una celebración-baile-ritual que se celebra en el sur del país en época de cuaresma, especialmente los viernes y que culmina con el viernes santo. Se trata de un ceremonial que consiste en disfrazarse con máscaras hechas por los mismos participantes a base de cajas y de plumas y con vestidos viejos, se reúnen en clanes y salen con fuetes confeccionados a mano repartiendo fuetazos a quienes se atraviesan en su camino; mientras que en el este existe una celebración-ritual similar que es el gagá –aparentemente de origen haitiano- que se lleva a cabo durante el mismo periodo de tiempo y se parece al citado anteriormente (conocido solo como “cucaras” o “mascaritas”) en que si se encuentran dos grupos se enfrentan a golpes y pueden resultar heridos algunos de los participantes.
Además de estos rituales, existen creencias que resultan hasta un poco graciosas por lo ingenuo de la relación que existe entre los elementos ‘relacionados’. Por ejemplo, es ‘sabido’ que si una mujer con la menstruación prepara un “morisoñando” (típico jugo de limón con leche), la leche se le ha de cortar y por lo tanto el jugo no serviría; igualmente si se está embarazada.
Otros ejemplos serían las creencias de que si alguien (por venganza o por broma o por la razón que sea) defeca en un sitio inapropiado, con solo recoger su materia fecal y quemarla, lograras que se le “pele” el trasero; que si alguien te muerde y te untas (ajo en algunas partes del país, en otras heces de gallinas) al agresor se le caerán los dientes; que cuando cae un rayo este trae consigo una piedra que se entierra a siete leguas y sube una cada año, pudiendo ser encontrada por personas a los siete años de haber caído el rayo en ese lugar, esta piedra también sirve como resguardo contra los rayos, o sea que quien la posea, jamás será impactado por uno.
Del Sur recuerdo también a los “amarradores de lluvia”. Estos son personas, generalmente hombres que tienen el poder de hacer que llueva o no en determinado lugar según convenga a la agricultura o el trabajo en proceso, e incluso pueden caminar bajo la lluvia sin ser mojados.
Para terminar, debo mencionar las divertidas fiestas de atabales que se celebran tanto en el este como en el sur* aunque con diferentes nombre: atabales y velorio en el este, y palos en el sur; que se celebran en honor a el Espíritu Santo y a otros santos con un baile muy peculiar y entretenido. También se celebra en el este una fiesta similar llamada “priyé”, con la diferencia de que este es considerado una celebración satánica.
Existen muchas otras creencias que estaré publicando en un próximo post.
*(siempre menciono los lugares que mejor conozco ya que hablo por experiencia propia)
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